Días de Confusión

Federico se estaba sintiendo apenado y triste porque había escuchado una conversación entre sus padres donde comentaban la posibilidad de separarse. Ante tal revelación él no pudo hacer otra cosa que ponerse a llorar a escondidas. 

 Pensaba que este sería el fin, sus padres ya no lo iban a querer como antes, seguramente él había hecho algo mal, estaba convencido que la causa de la separación era culpa suya, pues él no siempre se portaba de la forma que ellos esperaban. Entre tantos pensamientos confusos, no podía dejar de preocuparse en cómo explicarles a sus padres que había escuchado una conversación de grandes y que sabía lo que estaba sucediendo. 

 Tenía conocimiento de que no era correcto escuchar conversaciones ajenas, así que se sentía en una encrucijada. Para evitar que lo pusieran en penitencia, decidió que esperaría a que ellos le comunicaran la desafortunada noticia, mientras tanto permanecería en silencio. Le pareció importante hacer de cuenta que nada sucedía, aunque no podía evitar mostrarse indiferente con sus padres, pues creía que ya no lo iban a querer más. 

 Los días transcurrían y sus papás comenzaron a notar a Federico algo ausente y alejado de la vida familiar. Cierto día sus padres resuelven reunirse con él para preguntarle que le estaba sucediendo, Federico pensó que ese era el momento más infeliz de su vida, pues él creía que le iban a dar la noticia que no quería escuchar jamás. Así que para evadir esa situación se encerró en su cuarto para escapar de la realidad tan penosa. 

 Sus padres, ante tal situación, fueron hasta donde estaba Federico y le pidieron que los dejara pasar, él accedió. Pero antes de abrir la puerta pensó que lo mejor sería decirles de una vez que él ya sabía todo y que no le importaba. Cuando abre la puerta les dice que no necesitaban contarle nada, porque ya sabía que se iban a separar, también sabía que seguramente era culpa suya y que ya no lo iban a querer más pero que a él de todos modos no le importaba. 

 Tal fue la sorpresa de sus padres que se miraron y permanecieron en silencio mientras el niño lloraba. Cuando Federico se tranquilizó su mamá le preguntó, por qué pensaba que ellos se iban a separar, es así que él les relata todo lo que había ocurrido y como había llegado a tal certeza. 

 Su papá después de escuchar, lo abraza y le dice que jamás lo dejarían de querer, aunque en algún momento se tuvieran que separar. Que lo que sucediera entre él y su mamá eran problemas entre ellos dos y él nada tenía que ver con ellos, jamás. Por último, le explica que seguramente él había escuchado el final de una conversación que habían tenido con su mamá, donde planteaban la posibilidad de separase durante la semana en la ida al trabajo para así llegar más rápido cada uno a sus respectivos trabajos. 

 Ahora el que quedó en silencio fue Federico, nada de lo que había creído escuchar era cierto, pasó días sufriendo por algo que no existía nada más que en su imaginación. Así que con mucha fuerza abraza a sus padres. 

 Logró entender, que no debe hacer conjeturas de conversaciones ajenas, ya que no tiene el conocimiento de lo que están hablando. También entendió que es mejor preguntar y sacarse las dudas para no permanecer con la incertidumbre. Esa noche Federico pudo dormir tranquilo ya que entendió que sucediera lo que sucediera sus padres nunca lo dejarían de amar. 

 

 Moraleja: No debemos escuchar a escondidas conversaciones ajenas, mucho menos sacar conclusiones apresuradas de algo sin preguntar y consultar antes con un adulto. 

Autora: Gabriela Motta.
Cuento Escrito: 2012.

 

 Otro Cuento Corto: La Billetera

 

 

 

 



Disfruto escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.