El lápiz loco

El lápiz

Cierta noche, aunque no recuerdo con exactitud cuando, encontré un lápiz tirado en una esquina debajo de un sofá, descolorido, sin punta, un lápiz viejo. Observé a mi alrededor y no había nadie que lo reclamará, así que lo agarre y lo metí en mi bolsillo, no es que ande por la vida llevándome a casa lápices añejos, pero este tenía algo singular. Esa noche era particular no solo por el frío y el viento, sino por ese sentimiento de desamparo que me provocaba ese lápiz. Llegué a casa me quite el abrigo y me enfrente con la hoja en blanco, en ese preciso momento recordé mi hallazgo, lo saqué del bolsillo, le hice punta y lo apoyé sobre la hoja, tenía una historia dando vueltas en mi cabeza hacía días, era el momento de plasmarla. Tomé el lápiz y fue cuando sucedió lo inesperado, comenzó a moverse a su antojo parecía que quisiera contarme su historia. Por algunos minutos intenté, sin éxito, imponer mi voluntad, pero cansada de tanto luchar lo dejé escribir …

Aquella noche era la más fría del invierno, la temperatura por debajo de cero y un viento que obligaba a refugiarse. Apresurado se dirigió al refugio más cercano para pedir asilo, fue recibido con la noticia de que no había cupos libres, era una noche complicada. Insistió en entrar, afuera no sobreviviría, no esa noche, su cuerpo estaba debilitado por el hambre, la escasa vestimenta, los golpes, por la dura vida en la calle. Su alma pedía a gritos ser contenida, sin embargo, no pudo ser, no esa noche. Llamarón a la policía y lo denunciaron por intentar entrar a la fuerza, se lo llevaron. No era lo que pretendía, pero sin lugar a duda un calabozo serviría como resguardo. Se equivocó, nuevamente, alrededor de la media noche lo soltaron diciéndole que se tenía que ir, él no quería necesitaba un refugio, imploró, pero no fue oído, su alma pedía socorro a gritos, sin embargo, no había nadie que la escuchara. Volvió a su esquina, esa que noche tras noche lo veía desamparado, derrotado. Se acurrucó en aquel viejo sofá cubriéndose con cartones y se durmió.
Esta mañana su alma ya no grita, porque el frío de la noche anterior hizo que se liberara, por fin, de ese cuerpo que solo le supo causar dolor.

Yo … no podía creer lo que leía … intenté tomar el control, otra vez fui inútil el lápiz seguía escribiendo, pero quedé atónita cuando leí lo siguiente:

¡Hey tú! sea cual sea tu nombre, sí tú que me tienes entre tus manos en este momento, lee con total atención esto que escribo, ese hombre murió por indiferencia social, política, familiar, vincular, humana. La indiferencia de un sistema que le da la espalda a esos cuerpos que gritan lo que sus almas no pueden decir. Entiende de una buena vez, si seguimos gritando a destiempo y sin escucharnos de nada servirá nuestro grito. Hoy fue él, pero mañana será Juan, Marta, Celeste, José …

Despacito tomé el viejo lápiz que se aprontaba para seguir escribiendo, lo volví a meter en el bolsillo, me puse el abrigo y me dirigí a la esquina donde lo había encontrado. Ese lápiz estaba hechizado, ya no lo quería en casa, lo dejé debajo del sofá igual a como lo encontré, sin embargo, en él ahora había un indigente durmiendo, fui muy sigilosa para no despertarlo. Cuando logré mi cometido, regrese satisfecha por haberme librado de él, pero mi alma, en cambio, se sentía desolada por aquel pobre ser que debería pasar la noche, más fría del año, en un viejo sofá cubierto por cartones. Y aunque no quisiera una pregunta revoloteaba por mi cabeza mientras me alejaba: ¿A qué haría referencia la historia del lápiz loco?

Gabriela Motta.
06/07/20
Montevideo.

Sígueme también en:

Facebook:  https://www.facebook.com/CuentosCortos.co/

Instagram: https://www.instagram.com/cuentoscortos.co/?hl=es-la

 

Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *