SOFÍA

Parte 1

—No vayas es una trampa —le imploró su hermana por teléfono.
—No puedo, debo ir. Me dijo que había encontrado un gato herido y que no sabía si sobreviviría a la noche. Siendo veterinaria no me puedo negar a algo así.
—¡María, para que me preguntas si luego siempre te sales con la tuya! La última vez te hizo lo mismo, ¿recuerdas? Está cada vez más loca, me dijo su hermano que el otro día la internaron porque juraba haber vistos alienígenas y que le habían prometido llevársela con ellos, pero antes debía cumplir con una condición ¿y sabes cuál era? ¡Matar a un humano! Imagínate, está muy mal y tú quieres ir sola a su casa a esta hora de la noche por un gato.
—Sí, estoy de acuerdo que últimamente no ha estado muy bien, pero de ahí a que quiera matarme. ¡Por favor es algo exagerado! ¿no te parece? Debo colgar, me voy hasta su casa, no podré dormir sabiendo que un gato puede morirse y yo no hice nada.
Colgó y cuando se subió al auto le sonó el celular. Era su hermana nuevamente.
—¡Otra vez tú! estoy por salir para lo de Sofía, si me llamas con el mismo argumento de los alienígenas, te cuelgo.
—Pero, hay más, parece que se metió en una secta, no sé bien cómo son las cosas, pero está todo muy raro, por favor deja de ser tan impulsiva por una sola vez en tu vida y escúchame.
—Gracias por preocuparte, pero me voy, estaré bien te lo aseguro, cuando vuelva te llamo.
—No vayas te lo ruego, esa mujer está loca.
Le volvió a colgar y al dirigirse hacia la casa de Sofía, se dio cuenta con una punzada de frustración de que su hermana tenía razón. Recordó la última vez que se habían visto, ella le había hecho algunos comentarios sobre un grupo de personas con las que se estaba reuniendo, recordó que ella había mencionado muy al pasar que eran especiales, dejándole entrever que no vivían en la tierra. Pero ya estaba ahí y por loca que estuviera Sofía era su amiga.
Tocó el timbre y le abrió la puerta una mujer extraña.
—Tú debes ser María, pasa Sofía te está esperando.
— ¿Dónde está Sofía? Vine solo porque me habló que había encontrado un gato muy mal herido. Quiero verlo.
—Si espera, en este momento ella lo está asistiendo ya baja. Relájate, ¿quieres algo para tomar?
—No gracias, tengo prisa, debo regresar.
—Tranquila.
—¿Quién eres? ¿Dónde está Sofía?
Comenzó a gritar el nombre de Sofía, la extraña mujer colocó llave en la puerta.
—Abre la puerta déjame salir —le dijo a la extraña.
—Tranquila, ya viene Sofía. Le contestó con una sonrisa macabra.
—Mi hermana tenía razón, esto es una trampa, ustedes están locas, déjame salir.
— ENTONCES, ¿POR QUÉ ESTÁS AQUÍ?
—Por impulsiva, pero ya me voy ¿no hay ningún gato herido verdad?
—Sofía, ¿dónde estás? está loca no me deja salir. Gritó y corrió hacía la cocina donde se encontró a Sofía con el gato muerto entre sus manos con la mirada perdida.
—Sofía ¿Qué está pasando?
Sofía se levantó con las manos ensangrentadas, miró fijo a la extraña y le dijo:
—El gato ya está muerto, ahora solo falta la humana y entonces sí ¿me llevarán con ustedes?

Gabriela Motta.
24/05/19
Montevideo

Parte 2

La extraña soltó una carcajada.
—¿Qué te hace pensar que somos de otro planeta?
—¡Es una broma! —exclamó Sofía nerviosa. Ya he llegado demasiado lejos para que ahora me digas que no son alienígenas.
María observaba la situación, investigaba con la mirada cada rincón de la cocina tratando de encontrar el momento oportuno para salir corriendo por la puerta de atrás.
—Yo no dije que fuera una broma —le dijo la extraña. Pero tampoco recuerdo haber mencionado que fuéramos alienígenas.
—Pero qué sentido tiene todo esto si no me van a llevar lejos de aquí.
—Tampoco dije que no lo haríamos.
—Me confundes —le dijo Sofía a los gritos, pasándose las manos ensangrentadas por la cara, añadiéndole un toqué dramático a la ya espeluznante escena.
María aprovechó la discusión y se fue acercando discretamente hacia la puerta del fondo, pero para su desesperación también estaba cerrada con llave.
—Tranquila —le dijo la extraña— la noche es larga y de aquí no tienes hacia donde huir.
—Ella comienza a llorar agarrando a patadas la puerta y gritando por auxilio.
—¿Me puedes decir quiénes son y qué quieren de mí? —Le preguntó Sofía aparentemente perturbada, a la extraña, tomando del suelo el cuchillo.
—Primero termina tu parte del trato y después responderemos todas tus dudas. Ahí la tienes indefensa prendida a la puerta, te aseguro que te será más sencillo que con el gato.
María gritó aterrorizada y corrió hacia la sala buscando un lugar por donde huir, pero era inútil estaban todas las salidas muy bien cerradas. Las dos mujeres seguían discutiendo en la cocina, sabían que ella no tenía hacía donde escapar.
Sola en la sala se acordó que en su bolsillo traía su celular y sin dudarlo volvió a llamar a su hermana, quién contestó inmediatamente:
—Hola María ¿estás bien? —le preguntó.
—Tenías razón está loca, me tiene atrapada y por lo que entendí me quiere matar. SI LO SÉ, NO VENGO, ¡ayúdame!
—Resiste como puedas llamaré a la policía y salgo para ahí.
—Ayúdame por favor, no sé si tengo tiempo —le imploró María llorando.
Se recostó en el sofá y se quedó acurrucada, escuchando los gritos que venían desde la cocina, luego de un rato un silencio perturbador la hizo entrar nuevamente en pánico porque al levantar la mirada vio venir a Sofía envuelta en ira y con el cuchillo en mano.
—¡No me mates por favor! —le grito desesperada y ya sin esperanzas.
Cuando para sorpresa de ambas un destello de luz acompañado de una explosión hizo volar la puerta principal, María se desmayó.
Sofía quedó paralizada.
—Sabía que sí eran alienígenas —le dijo a los hombres que irrumpieron violentamente en la sala. Señora usted tiene que venir con nosotros —le dijo uno de ellos.
Sofía los acompañó sin resistirse ya que aquel vehículo luminoso solo podría ser la nave espacial que estaba esperando.

Gabriela Motta.
Montevideo.
30/05/19

Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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