Transcurría la mañana del 11 de septiembre del 2001, él se levantó como de costumbre para ir a trabajar cuando un punzante dolor de cabeza lo hizo sentarse, nuevamente, en la cama tenía la tele prendida y de inmediato se dirigió a apagarla porque su sonido intensificaba aquel dolor, al aproximarse vio de reojo como un avión chocaba una de las torres gemelas, pero no se detuvo a observar su dolor era muy fuerte.
Para colmo no podía faltar al trabajo, era el jefe del área de edición de una importante revista y hoy se decidía la portada del día de mañana. Ya la tenía todo planificado en su mente propondría aquel artículo sobre la migraña que en el día anterior lo había presentado Juan Alberto el funcionario nuevo.
Ayer no había podido ver el potencial que tenía el artículo, seguro había más personas en el mundo con esa enfermedad crónica que no los dejaba pensar en paz. Se incorporó nuevamente tomó sus cosas y dejo el auto en el estacionamiento ya que le sería imposible conducir. Optó por tomarse el tren, le gustaba viajar en trenes era algo que en su tiempo de estudiante lo hacía con frecuencia.
Llegando a la estación se encontró con Juan Alberto y sintió alegría al verlo porque si había alguien en el mundo que podía entender su dolor ese era él.
—Buenos días, Juan Alberto —lo saludo amablemente.
—Buenos días, pero que raro usted en el tren ¿no me diga qué se le rompió el auto?
—No Juan Alberto algo peor estoy con una migraña infernal y justo hoy que no me puedo quedar en casa.
—Claro, lo entiendo…
—Lo sabía, si había alguien en el mundo que me podía comprender ese es usted Juan Alberto. Tengo que disculparme porque ayer no le di la importancia que tenía su artículo, así que como forma de recompensa la portada es suya, no se hable más.
—Yo agradecido, pero jefe, el tema de mañana serán las torres.
— ¿Qué torres? De ninguna manera hombre el tema será la migraña. Ese dolor infernal que no me deja en paz, si usted supiera, me tomé dos analgésicos y aquí me ve igual de dolorido. No sé Juan Alberto en su artículo ¿decía algo novedoso sobre la cura de esta enfermedad?
Juan Alberto no podía evitar mirar la pantalla que se encontraba a su costado transmitiendo en vivo el atentado de las torres, sin embargo, su jefe no paraba de hablarle sobre el dolor de cabeza que teniendo en cuenta todo lo que conversaba seguramente no sería tan grave. Respiro hondo y prosiguió.
— ¿Qué me dice de las torres jefe?
—Mira Juan Alberto llegamos, nos vamos para la sala de conferencia resolvemos lo de la tapa de mañana y yo me voy porque realmente no me puedo sostener en pie, esta es una enfermedad tan ingrata. Yo estaba convencido que usted tenía otra sensibilidad en relación a este tema, veo que me equivoqué, porque viendo mi dolor no puede para de preguntarme sobre las benditas torres Juan Alberto. No entiendo que no pueda entender que mi pesar no me permite pensar en otra cosa.
Al terminar de describir su malestar llegó el tren para alivio de Juan Alberto, en el trabajo no tendría tiempo de hablar de su dolor ya que el tema del día serían las torres, como en todos lados.
Cuando llegaron al piso de la revista Juan Alberto notó como el jefe exageró su cara de dolor y entró. La secretaría al verlo llegar con esa expresión de sufrimiento y teniendo en cuenta los hechos de esa mañana se acordó de sus familiares que vivían en los Estados Unidos y pensó lo peor. En un instante su rostro se mimetizó con el de él y no se animó a preguntar por los detalles. Antes de que entrarán a la junta ella consideró oportuno llamar a los que se encontraban allí esperándolo para avisarles sobre la pérdida de su jefe. Cuando él entró a la sala todos estaban al tanto de lo ocurrido y con caras largas.
—Buenos días para todos, les dijo, hoy voy a ser breve porque el dolor invade mi cuerpo y si estoy aquí en este momento es solo por mi consideración hacía nuestro público.
Todos lo aplaudieron, uno de los funcionarios dijo que era admirable la fortaleza que tenía a pesar de estar viviendo semejante tragedia.
—Nunca mejor dicho, esto sí que es una tragedia, no les puedo describir la intensidad del dolor que siento desde que me levante —les dijo con su rostro compungido.
—No, no me lo imagino —le dijo el funcionario— no me gustaría estar en su lugar.
—Créame que no —le dijo y prosiguió— estoy aquí solamente por lo de la portada de mañana y que lamentablemente estará inspirada en mi dolor y el de muchas personas que al igual que yo tienen que seguir sus vidas más allá de su pesar y su angustia.
—Nosotros estábamos convencidos que ese sería el tema de mañana, nada más estábamos esperando su orden para comenzar con la diagramación. Claro que nunca nos imaginamos todo lo demás.
—No se hable más, tema decidido, el artículo se los pasará en un rato Juan Alberto, yo me voy a mi casa y no sé si vuelvo en la semana. Confió en sus criterios.
Juan Alberto no podía salir de su asombro ¿Todos habían enloquecido? ¿Cómo podía ser que un dolor de cabeza tuviera más importancia que el atentado a las torres?

Gabriela Motta.
29/08/2019
Montevideo

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Escribir me permite soltar el pasado, vivir el presente y esperar libremente el futuro.

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