Me equivoqué

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Confieso me equivoqué por haberte idealizado, así me habían enseñado y nunca me lo había cuestionado. Sentía con todo mi ser que adorarte era la correcto.

Pero me equivoqué, tu sencillez me aburrió y no pude ver más allá de la rutina, no supe ver más allá de los defectos y te culpé por no parecerte ni un poquito a lo que me habían ilustrado.

Sí, me equivoqué por pensar que contigo la felicidad sería eterna, que tu presencia en mi vida sería suficiente para borrar la tristeza.

Y que duro fue darme cuenta que me había equivocado otra vez, sin embargo, no lo acepté y te culpé. La culpa sólo podría ser tuya.

Y me volví a equivocar porque la culpa, siempre, siempre es compartida y lo aprendí de la peor manera, odiándote y odiándome por haberte idealizado. Me condené por haber sido crédula, y te odié, como jamás pensé odiar a nadie, como jamás pensé poder odiar.

Pero confieso que también en ese momento me equivoqué.

Y cuando creí estar sola me di cuenta que nunca te habías ido de mi lado, me sequé las lágrimas, acepté mis culpas, traté de remediar mis errores, dejé de adorarte, de idealizarte. Y así, sólo así, después de haber tocado fondo, entendí que todo lo que me habían dicho de vos era mentira ¿o no? Tal vez para todos es diferente y tal vez, solo tal vez, sea imposible encasillarte en una definición, porque quizás eres tan grande y diverso como cada uno de nosotros.

Confieso, me equivoqué.

 

Texto y Fotografía: Gabriela Motta.

Montevideo

30/10/2018
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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.