La Oscuridad

Cuando era niña solía temerle a la oscuridad, pensaba que por detrás de ella  siempre habían monstruos que vendrían por mí cuando menos me lo esperara. Ella tenía el poder de hacer que los objetos inanimados criaran vida cada ves que un rayo de luz se asomaba por mi ventana.

Durante el día trataba de ser racional y convencerme de que todo lo que había en mi habitación eran objetos inertes, que no podían tomar vida por más que la oscuridad se apoderara de mi habitación. Pero llegaba la noche, un destello de luz se asomaba por la ventana o simplemente una noche de luna muy clara hacía que todo volviera al estado inicial.

Cierto día, tratando de superar mis miedos me fui a dormir un poco más tarde para caer vencida por el sueño ni bien pusiera mi cabeza sobre la almohada. Pero para mi sorpresa las cosas no siempre suceden como uno las planifica ya que una vez dentro de la cama, miro hacía la ventana y allí estaba: «El cactus mutante» NOOOOOOO!!!!!!

Sí, sus ramas espinosas se hacían cada vez más largas, sus espinas más grandes y filosas tal como si fueran agujas puntiagudas venían poco a poco hasta donde estaba yo, cada vez que la habitación se hacía por alguna razón más oscura. Yo paralizada por el miedo no podía hacer otra cosa que correr para la habitación más cercana a la mía: ¡ La de mis padres!

Día tras días, este hecho se sucedía, como si fuera una película de terror. Hasta que una noche me propuse tratar de vencer esos miedos que me paralizaban, revoloteando por mi cabeza estaban los consejos de mis padres, quienes decían una y otra vez que mi miedo a la oscuridad era infundado.  Así que pronta para dormir, piyama puesto, enfrenté al cactus, mantuve los ojos abiertos y no deje que el miedo me los hiciera cerra. Para mi sorpresa pude ver como sus terribles garras no me podían hacer nada ya que no era nada más que una sobra en la pared de mi habitación.

Esa noche aprendí una importante lección: debemos enfrentar nuestros miedos y no dejar que ellos nos paralicen, cada vez que algo me aterre en la oscuridad voy a observarlo y controlar mis miedos. Poco a poco fui olvidando de estos episodios hasta que un día sin darme cuenta así sin más la oscuridad ya no era un problema para mí.

 

Moraleja: Aprende a enfrentar tus miedos por más duros que ellos sean, porque de esa manera podrás ser libre para explorar y experimentar nuevas sensaciones.

 

Autora: Gabriela Motta.
Cuento Escrito: 2014.

 

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.