El renacer de Manolito: un día se convirtió en Totito.

M

anolito, vivía feliz en su casa, dormía, comía, jugaba todo el día ¿qué más podía pedir? Siempre tenía agua a su alcance, y juguetes. Era una vida buena. Sus padres lo querían y lo cuidaban. Todo era perfecto, hasta que recibió la noticia que cambiaría su vida; ¡tendría un hermanito! Ese comunicado lo puso feliz y al mismo tiempo algo celoso, aunque aún no podía comprender bien lo que estaba sucediendo. Los meses fueron pasando, la panza de mamá se iba agrandando y la casa iba cambiando, todo para esperar al nuevo integrante de la familia.

Una noche que llovía mucho, se fueron de urgencia, y Manolito quedó solo, esperando que regresarán pronto. Eso no sucedió, se pasaron dos largos e interminables días, hasta que, por fin alguien vino a la casa. ¡Eran mamá, papá y su nuevo hermanito!

Contento de verlos, salió corriendo hacia la puerta para recibirlos como de costumbre, pero para su sorpresa, lo que recibió fueron represalias, porque la casa no estaba tan limpia como la habían dejado antes de partir. A Manolito le habían dado muchas ganas de hacer pis, y no se había podido contener, es por eso, que la casa y él olían muy mal. Pensó, que tal vez, si les traía uno de sus juguetes favoritos podía hacer que el enojo de sus padres pasara, pero lo que logró fue que lo encerraran en su cuarto, porque con tanto ruido despertaba al bebé. Se sentía muy confundido, aunque estaba feliz, papá y mamá habían regresado a casa y con ellos traían a ¡su hermanito!

Con el paso del tiempo, se iba sintiendo cada vez más sólo, era como que todo lo que hacía estaba mal, nada dejaba contento a sus padres, ya no sabía qué hacer. Pensó, que podría permanecer quietito en su cama, pero eso era imposible, él necesitaba saltar, jugar y correr.

Cierto día, se emocionó tanto al ver a su mamá jugando con su hermanito, que dio un salto, y sin querer los tiró al suelo, él sólo quería jugar con ellos, pero las cosas no habían salido del todo bien. No sabía qué hacer para disculparse, mamá se enfureció más que nunca, y le dijo a papá con una voz muy enojada que se lo llevará de la casa.

¡Pensó que por fin iba a salir a jugar con papá! Subieron al auto y su papá conducía sin rumbo, Manolito feliz de estar a su lado, no le importaba a donde lo llevara, confiaba, que si estaba con papá todo iba a estar bien. Llegaron a un gran parque verde, papá abrió la puerta y él se bajó feliz, por fin íbamos a correr y a jugar, después de tantos meses desconectados.

«Papá bajó, tiró una pelota muy lejos, yo salí corriendo muy rápido (pensando en lo feliz que estaba) y la atrapé (luego de mucho correr). Cuando me doy la vuelta emocionado para llevársela, no lo veo. Corro con la pelota en la boca, lo busco por todo el parque, ¿no estaba? Seguro se perdió, este papá es tan despistado. Se hacía la noche, mejor busco un lugar seguro para dormir, pero llevo la pelota conmigo porque así cuando vuelva podemos seguir jugando.

Pasan los días, las noches y papá no vuelve, extraño la casa, extraño a mamá y a mi hermanito. ¿Qué les habrá pasado? Tengo mucha hambre, en el parque no hay para comer y tampoco mucho para tomar, siento que con los días me voy debilitando y enfermando, ¿cuándo volverán por mí? De seguro me deben extrañar tanto como yo a ellos.

Hoy llueve, tengo frío, hambre y sed, nadie se ocupa de mí. Será mejor moverme para ver si encuentro el camino de regreso a casa. Pero es inútil, tengo poca fuerza, las patas no me responden, estoy lastimado, cansado, con frío y con hambre, sin darme cuenta me dejó caer y un profundo sueño me envuelve, no puedo más…

No sé cómo pasó, pero de aquel sueño tan agotador en el que me dejé caer aquel día de lluvia, desperté en la casa de una humana muy buena y amable, no son mis padres, no está mi hermanito, pero me siento bien. Me estoy recuperando gracias a su ayuda, ahora me llama Totito y dice que soy su perrito. Me cuesta un poco adaptarme a que me llame así, pero es tan buena que le hago caso. Los días siguen pasando, ahora salimos a pasear a diario y juega conmigo a la pelota, ¡cómo me gusta jugar a la pelota! Tengo agua, comida y un lugar para dormir, hasta me puso una medallita con mi nuevo nombre, me veo bien, nunca había tenido una. Ella dice que soy su nuevo amigo y de verdad que así me siento. Lo único que me pone triste es pensar que cuando vuelvan papá y mamá la voy a tener que dejar sola, pero ella lo sabrá entender.

Pasan los meses y yo estoy recuperado, no entiendo porque aún no han venido por mí, pero ya no duele tanto, Laura, mi nueva humana, me da mucho cariño y hace que el dolor de no verlos sea cada día más llevadero, aunque sé que jamás los voy a olvidar y tengo la certeza que en algún lugar están los tres (mi familia) buscándome desesperadamente. Pero mientras no nos reencontremos, seré feliz, y viviré al máximo cada día al lado de mi nuevo ángel, que se hace llamar Laura y a mí me llama Totito, que para serles sincero ya me gusta mucho más que Manolito.»

 

Moraleja:

  Por diferentes circunstancias, miles de animales son abandonados diariamente en nuestro país y el mundo, no todos tienen la suerte de Manolito-Totito y mueren de hambre, frío y a causa de diferentes enfermedades. Seamos conscientes de esta realidad, adoptemos un animal de un refugio. Prediquemos con el ejemplo, apoyemos la tenencia responsable, esto implica: castrar, desparasitar, alimentar, sacarlos a pasear, identificarlos con medallitas, darles un lugar seguro para vivir lejos de las cadenas, ellos son libres y necesitan seguir siéndolo. Y por sobre todas las cosas, amor, por el resto de sus días. Ellos tienen sentimientos, sufren, se deprimen y nos aman incondicionalmente. Si no estás dispuesto a cumplir con estas reglas básicas, no tengas una mascota. Ellos no son un juguete, son de carne y hueso igual que tú, ¡no son descartables son para toda la vida!

 

Autora: Gabriela Motta.

Escrito: Noviembre 2016.

 

Otro Cuento Corto: Petit.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.