El lago


el lago

Llegó con un andar apacible y se dejó caer en la orilla del lago, sentía que el mundo se había detenido. Minutos antes había vivido la vorágine más atroz que el tiempo le había permitido experimentar, esa sensación de no poder detenerlo, de vivir al límite y dejarse arrastrar por sus impulsos, esos que hace ya muchos años había intentado frenar sin éxitos, de todos modos, ya era tarde.

El lago le transmitía la misma ambigüedad que sus sentimientos, nunca había sido un lago sereno, desde que lo recuerda era sucio y turbulento, pero hoy por alguna razón su calma era inigualable. Recordaba haber escuchado historias sobre esa calma, pero nunca había sido testigo de ella hasta hoy.

Sin embargo, ahí estaban enfrentados, él y el lago, atrapados en una falsa realidad. Ese lago hoy le demostraba que podía ser desafiante y aterrador, calmo y bello, tan ambivalente. Esa quietud permitía reposar toda su suciedad en el fondo habilitando hasta su reflejo en aquellas engañosas aguas diáfanas. Cualquier turista inexperto creería que estaba enfrente a un lago de aguas cristalinas, pero él sabía que por debajo de esa claridad se escondía un verdadero torbellino, listo para activarse en cualquier momento, a él no lo engañaba, estaba en su naturaleza al igual que en la suya.

Su corazón no paraba de latir agitado, sentía como su sangre corría con más intensidad cada vez que trataba de permanecer en ese estado de sopor. Era una calma que en cualquier momento podía transformarse en furia, igual que la del lago.

Decidió apoderarse de su letargo y cayó rendido en sus aguas. Comenzó a meterse en ellas con su andar calmo y su mirada perdida, camino hasta que el agua le tapó los hombros, ahora eran uno, y desde ese lugar podía ver como sus pies movían la suciedad oculta en el fondo.

Se detuvo observó su claro reflejo y se zambulló, al salir por una bocanada de aire a la superficie pudo ver cómo este recuperaba su verdadero color, pudo ver cómo a su alrededor un halo de sangre se desprendía de su cuerpo que se veía otra vez limpio, aunque él sabía que lo turbio estaba reposando en el fondo.

Gabriela Motta.
02/08/19
Montevideo.

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Disfruto escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.