El tiempo

Una gota que se cae, 
minuto pasado 
que ya no volverá, 
futuro desdichado 
que jamás la conocerá. 
Presente que en una cápsula encerrará 
su efímera experiencia,
su inevitable agonizar.

Y de pronto su existencia 
se convierte en incómodo palpitar. 
Se filtra en nuestras vidas 
trayendo su séquito de
horas infinitas que no se detienen 
ni para descansar. 
Contabilizan nuestros días 
hasta que de forma arbitraria 
decides qué ha culminado 
nuestro tiempo para recomenzar.

Y ahí estamos de nuevo, 
tácitos, absortos ante el ataúd de los lamentos, 
condenándote como siempre. 
¿Por qué no viajas más lento? 
Enceguecidos culpándote, 
sin ser conscientes, que somos sus prisioneros 
convertidos en esclavos 
vagando eternamente por sus senderos.

Ruleta rusa que se activa 
en el segundo que nacemos, 
eres nuestro eterno verdugo 
vigilando nuestros sueños. 
Dedicado maestro para 
acabar con nuestros intentos 
de ser ese que aún, 
no hemos descubierto.

Con el afán de dominarte 
te convertimos en médico, 
consejero, apaciguador 
y hasta en hechicero. 
El tiempo lo puede todo 
¡como si no fueras nuestro invento! 
Su brillo deslumbrador 
nos hace danzar acorde el viento, 
convirtiéndonos en sonámbulos 
otorgándole el poder para 
dominar nuestro universo.

Sos la culpa encarnizada 
cuando te dejamos suelto. 
Sos la felicidad más plena, 
cuando creemos poseerte.

Sos el incongruente más aclamado. 
Sos eternamente neutro. 
Sos la gota que se extingue 
recordándonos que no seremos eternos.

Gabriela Motta
11/12/18
Montevideo.

Sugerencia de lecturas: http://cuentoscortos.co/confieso-me-equivoque/amp




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.