Emociones encontradas

Está prohibido llorar -dijo a quemarropa- y siguió hablando cosas banales, dejándome con esa pesadumbre que me oprimía el pecho.  

Continuó explayándose y dándonos argumentos de todo lo que esperaba de nosotros sin dejarnos decir palabra, yo sin poder prestar atención en su discurso pensaba que en algún momento tendría que hacer una pausa para respirar y ahí sería mi oportunidad de preguntarle algo que no se me ocurría qué, pero algo tenía que preguntarle para que me hiciera regresar a mi estado de tranquilidad anterior a ese momento. No obstante, la pausa no llegaba y yo estaba cada vez más angustiada, conteniendo mi llanto para no ser señalada como la mamá primeriza (cosa que me preocupaba solo a mi seguramente).  

¿Les quedó claro cómo será la despedida? —preguntó.  

—Sí dijo alguien en el fondo, yo seguía esperando mi momento.  

—Puedes explicar mejor lo de los besos voladores —preguntó la mamá que estaba en primera fila— tomó nuevamente la palabra y prosiguió.  

—Luego de embarcar los bolsos y los sobres de dormir en la bodega hacen un caminito de padres hasta la puerta del ómnibus y los despiden con besos voladores, porque con niños tan pequeñitos despedidas largas se hacen complicadas. La mamá asintió con la cabeza.  

—Ah, les aconsejo a todos que lleven lentes negros por si se les escapa alguna lagrimita.  

«Alguna lagrimita» —pensé— secándome las lágrimas que me generaba la idea de que en una semana mi pequeño se iba por primera vez de campamento.  

Gabriela Motta. 
Montevideo. 
19/10/18 

Lectura sugerida: Hijo mio te solté la mano




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.