Hijo mío

Y llegó ese momento en que te solté la mano
realmente mi corazón no quería hacerlo, pero
mi ser sabía que era necesario y
te solté la mano, con lágrimas en los ojos.

Ojos que te vieron crecer y convertirte en
ese niño sano, travieso, hermoso, y te fuiste
contento, sabias que era necesario y lo disfrutaste,
pero yo me quede con el corazón apretadito.

Apretadito por dejarte sólo con el mundo,
me despedí con mi mejor sonrisa
te brindé todo mi apoyo, me sequé las lágrimas
para que no las vieras y te alenté a

seguir creciendo; te vi marchar contento
colmado de ilusiones y confiado en tu talento.
Ay hijo mío, que difícil es soltarte la mano
y sé que este es sólo el comienzo.

Quiero que sepas que te solté
la mano, pero no me marcharé jamás de tu lado
sólo te dejo unas horas para que puedas
seguir avanzando.

Tranquilo; mamá te espera
aquí todos los días a las cinco
para volver a casa otra vez
tomaditos de la mano.

Gabriela Motta.

11/03/2018

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.