Jugando se aprende

Era una mañana corriente y yo salí para la feria, el semáforo se puso en rojo obligándome a detenerme en la esquina. De inmediato mi atención fue captada por el juego de una mamá y su pequeño, jugaban a saltar de la parte de atrás de una camioneta que estaba estacionada en la calle.

Saltó la mamá y luego de unos segundos también saltó el niño de manera brusca y apresurada, con su motricidad aún poco afinada cayéndose muy mal parado, pero para mí sorpresa logró revertir la situación y salir airoso, aún estando lejos pude ver en sus ojos ese destello de felicidad por haber evitado en el aire la fatídica caída. La mamá que al igual que yo era una espectadora más fue arrebatada por el miedo, causado seguramente por lo que parecía un desenlace inevitable, el pequeño lastimado en el suelo, y de forma brusca y violenta también revirtió la situación tomando al niño en sus brazos y dándole algunas bofetadas.

El niño lloraba desconcertado… yo estaba desconcertada…

¿En qué momento el juego se había convertido en un castigo? ¿En qué momento el amor fue confundido con violencia?

Todo eso sucedió en el tiempo que demora en cambiar la luz roja a la de color verde, fue un instante fugaz que logró modificar por completo mi día, imagínense lo que habrá sentido ese pequeño que seguramente esperaba un abrazo contenedor y recibió una bofetada. Tan solo imagínense …

Gabriela Motta.
21/01/18 
Montevideo

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.