La Carta



La carta 

La carta estaba allí para que todos pudieran verla, sin embargo, pasaba desapercibida entre los papeles que se encontraban junto a esos libros viejos de esa antigua biblioteca. Parecía que a nadie le llamaba la atención husmear entre tantas cosas. Sin embargo, Julia estaba ahí, intentando poner un poco de orden, no sólo a la biblioteca sino también a sus emociones, había heredado de su abuela la antigua casa de verano familiar. Trataba de organizar sin cambiar la decoración que la hacía rememorar los hermosos días de su infancia. La biblioteca era uno de esos sitios que mantenía su encanto, siempre había estado en el mismo lugar y lo único que se le sumaban eran libros y hojas a sus añosos estantes. Pero había que comenzar a seleccionar que quedaba y que debía ser reciclado, tarea para nada fácil pero ineludible. Entre polvo y hojas viejas encuentra una carta, que conservaba su encanto como si estuviera esperando a ser descubierta. Si no fuera por el color del papel jamás hubiera sospechado que se trataba de una carta del pasado, se mantenía intacta. Julia detuvo sus labores y con el sobre entre sus manos camino hacia la mecedora que estaba ubicada debajo de esa lámpara de mimbre tan especial que adoraba su abuela, se sentó abrió la carta y le permitió al tiempo escurrirse tan lento como quisiera entre las líneas de ese papel amarillento por los años.  

«Querido Jesús:  

Ya casi es navidad y por estos lados de América todo sigue igual, pensé que se arreglarían las cosas este año, pero para mí decepción no ha sido así. En casa papá sigue sin trabajo y mamá trata de disimular una depresión que la consume día a día, yo he tenido que hacerme cargo de los niños más pequeños, pero créeme que no es tarea fácil. Ellos requieren de la atención de papá y mamá, no obstante, ambos están sumergidos en una amargura inagotable desde el día que tú te fuiste. Mamá dice que es en vano tratar de comunicarnos contigo, que tú ya no escuchas a nadie. Pero hoy por ser víspera de navidad estoy dispuesta a intentarlo, yo todavía creo en los milagros, así que intentaré escribiéndote una carta. Deseo con todas mis fuerzas que me puedas leer. Jesús estoy desesperada, en casa la pobreza cada día es más grande y la tristeza nos consume poco a poco. Sólo tú puedes hacer que las cosas cambien. Es tan difícil porque ni siquiera sé si aún existes, mi corazón me parlotea que sí, pero la realidad suele ser severa y menos condescendiente. Sin embargo, como siempre fui muy terca y obstinada decidí hacerle caso a mi corazón y escribirte para rogarte que nos des una señal. Esta navidad será sin dudas la más triste en años, no sólo por el hambre, el calor, los mosquitos y la falta de agua potable sino porque en casa ya no tienen esperanza de encontrarte, para todos aquí tú ya no existes. Estamos en víspera de navidad y a nadie le importa, yo trato de hacer que por lo menos los más pequeños si puedan tener un poco de esa magia navideña que en algún momento la supimos sentir, pero es tan complicado recrearla cuando las necesidades básicas están insatisfechas, hago lo que puedo con lo poco que tenemos, así que tomé una olla, la llené con agua y puse a hervir un kilo de arroz, ya sé, estarás pensando que enloquecí, pero quiero que por lo menos hoy coman y se llenen todos; Hoy tendremos nuestra cena navideña, mañana me preocuparé en cómo conseguir más comida, la penosa pobreza en la que estamos sumergidos nos ha obligado a vivir el ahora. Así que cenaremos a lo grande, con mucho arroz para todos. Para los niños me tomé el trabajo de hacerles unos ramitos de flores que yo misma las corté del campo se los voy a poner a medianoche en ese arbolito que se encuentra cerca de la puerta de entrada de nuestro rancho, que también lo decoramos, le pusimos tapitas de botellas y con papel hicimos muchas guirnaldas, la verdad nos quedó muy bello, los niños estaban felices. Cuando mamá lo vio sonrió, bueno trató de hacerlo, pero juro que le gustó, la navidad sin arbolito no es navidad. Como mencionaba más arriba ya tenemos cena, arbolito y hasta regalos. Ahora sólo falta bañar a los más pequeños y vestirnos con nuestra ropa de domingo para esperar la nochebuena. Jesús te aseguro que no es para nada sencillo, muchas veces siento que me han robado una parte de mi niñez, pero si no lo hago yo, quién velará por los más pequeños, así que con mis 14 años trato de hacer lo mejor posible. En fin, no quiero agobiarte con mis penas, volvamos a lo nuestro, pretendo encarecidamente que si lees está carta por favor vuelve, aunque sea para devolverle la alegría a nuestros padres, que perdieron las ganas de vivir en aquel triste día cuando recibieron la noticia de que todos los de tu batallón habían muerto. Sin embargo, sé que al no encontrar tu cuerpo hay una pequeña esperanza casi irracional que les permite seguir respirando y me permite a mí escribirte. Jesús si aún vives danos una señal, ese sería el regalo más hermoso que podría recibir esta noche.  Me despido con la ilusión de que algún día llegue esta carta a tus manos y la recibas con emoción sabiendo que en casa todos te amamos, aunque algunos estén un poco apagados en este momento. Es la guerra sin dudas el más feroz e indomable dolor que todos llevamos dentro, ojalá algún día puedas regresar y nos podamos fundir en un abrazo infinito de amor, sólo así lograremos apagar las huellas que esta guerra implacable ha dejado en nuestras almas. Sabes que en las noches cuando el sueño no llega me pongo a pensar ¿por qué nosotros los seres humanos nos tratamos con tanta crueldad y violencia? Hermano quiero que sepas que esta guerra nos ha obligado a reflexionar sobre el significado de la palabra amor y sobre el valor innecesario que tienen los héroes. Jesús te esperamos con los brazos abiertos para que devuelvas la luz y la alegría a nuestra familia que lucha para no caer en la oscuridad del desamor y la desesperanza. Un abrazo apretado y hasta siempre, con cariño Esperanza.» 

Julia había escuchado millones de veces las historias sobre la guerra, la pobreza que había vivido su abuela en su niñez y como había sacado adelante a su familia luego de la depresión que habían padecido sus padres. Lo que nunca le había contado era sobre esa triste navidad inmortalizada en esa vieja carta, nunca le había mencionado la existencia de un tío llamado Jesús aparentemente muerto en la guerra. Julia secó sus lágrimas y recordó a su abuela, inmiscuida cada navidad en esa biblioteca, seguramente aquella carta era la causa de su mirada distante e introspectiva. ¿Pero qué hacía la abuela con esa carta en la biblioteca? ¿Será que nunca la envío? Seguramente no hubiera resistido vivir esperando o quizás nunca tuvo los recursos necesarios para enviarla, ya que era tan sólo una pequeña de 14 años. Julia cierra la carta y sonríe, -si la abuela jamás lo mociono es porque seguramente quería evitarnos el sufrimiento de vivir en la espera. –  Mira por la ventana levanta los ojos al cielo y piensa:  -Las navidades nunca más volverán a ser las mismas después de esta carta, no porque me perturbe la idea de saber si Jesús es real o no, sino porque jamás podré quitar de mi memoria a esa pequeña de 14 años que hizo posible que hoy yo estuviera aquí, leyendo esta carta y sintiéndome orgullosa de haber aprendido tanto sobre la esperanza cuando ya no quedan fuerzas para seguir.

Autora: Gabriela Motta, 12/12/2017.

Otro Cuento: Amor

 




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.