Lluvia de estrellas

Todos los días al caer la tarde, se sienta en el zaguán de una casa abandonada con el mismo cachorro, dos o tres bolsas nauseabundas que va dejando a un lado, acomoda unos trapos para recostar la espalda, cansada de andar todo el día, recorriendo sin rumbo las calles Tiene el rostro curtido y sucio, el pelo enmarañado, que no sabe de peines ni lavados, sostenido por un moño desgreñado. Apartados a un lado, apenas una frazada, un paraguas, una botella de vino medio vacía y una cajilla donde guarda los pedazos de cigarros recogidos por las veredas, bajo los cordones o  en las plazas. Está vestida para todas las estaciones, igual en invierno que en verano,  aclimatada de tal manera que no siente ni frío ni calor. Cubre sus manos en invierno con guantes de medios dedos A ratos bebe de la botella, enciende  un medio cigarro— Mira a lo lejos, no sabe de días diferentes, todos tienen el mismo color gris de la tristeza y la marginación. Fue perdiendo  los afectos, la relación con el mundo, cae un poco todos los días, pierde las cosas materiales en un trueque impuesto por la necesidad. No  piensa  en prostituirse,  no quiere caer más bajo, era  libre hacía de su vida lo que quería.  Un día cualquiera se encuentra sentada en la puerta de una iglesia  con la mano extendida. Ya no era tan libre, dependía de la caridad de los otros, de los que aceleran el paso  o con mirada indiferente colocan una moneda en la mano con vergüenza, los que  pasan a su lado sin verla, de los que  con lástima miran sin comprender o se ríen, cuando por  efecto del vino dice incoherencias. Acostumbrada a la bohemia sin futuro, el hoy marca su vida. Revuelve una bolsa y comparte con el perro, que no gruñe ni ladra,  echado a su lado. Se cubre con la frazada raída y acomoda su  cuerpo para  pasar otra larga noche. Una llovizna pone un telón a su soledad. Incómoda por la lluvia trata de achicarse, es un bulto informe en el zaguán. Los vapores del vino y el humo del cigarro, la hunden en un sopor. En medio del letargo, le parece ver al paraguas extendido y de raso brillante empezar una danza elevado por el viento que silba su canción invernal .Por momentos, sus fuerzas menguan, tiende a caer, para volver con más fuerza  a su danza circular. Lo sigue en sus vueltas y un mareo la envuelve. Cierra los ojos, al abrirlos, el paraguas, convertido en un  montón de varillas  desplegado  sobre su cabeza, deja ver las estrellas. Sueña  con miles de ellas y  se duerme.

Autora: Magdalena Venturiello Lago.

 

BIOGRAFÍA DE LA AUTORA:

Autora: Magdalena Venturiello Lago.
Formación: Química Farmacéutica.
Nacionalidad: Uruguaya.
Nacida: Montevideo.24 de setiembre de 1934.
Cuento Escrito:2004
Co-Fundadora del Taller de Creatividad Literaria “La aventura de escribir” de la YWCA Costa de Oro (Uruguay). Producción Literaria: Narrativa: Novela grupal:”Las cuatro estaciones”. Novelas cortas individuales:”La caja de Nyco”, “De recuerdos y soledades”, “Todo tiene su tiempo” ”Mi libro de haikus (I), “Mi libro de tanka”. Cuentos Breves. Finalista en el concurso “Historia de Emigrantes” realizado por la Revista Archivos del Sur (2010)

 

 

Otro Cuento: ESTA TIERRA QUE HABITAMOS.