Malena



Malena mentía con la desfachatez de no sentir jamás vergüenza, sus mentiras tenían la delicadeza de los poetas, la picardía de los murguistas y muchas veces, aunque suene contradictorio, la verdad de los ebrios porque era su manera de sonreírle a la vida, su única realidad.  

Mentía, siempre mentía, no se sonrojaba ni cuando la acusaban de frente, era incapaz de demostrar un sentimiento franco, no conocía la autenticidad de lo verdadero, no conocía la sinceridad, bueno o tal vez sí, de una manera algo retorcida la vida le había hecho saber que su verdad era la mentira.  

Nunca se había detenido a pensar sobre su condición, cada vez que veía una oportunidad de sacar ventaja mentía. Para evitar un castigo mentía, sentía necesidad de aprobación mentía, mentía para adaptarse al entorno social, mentía por vergüenza, mentía para tapar sus mentiras, en fin, siempre mentía.  

Sobre Malena les podría contar miles de anécdotas que englobarían su desfachatez infinita, pero en cambio les contaré que Malena era una mitómana y no lo sabía, ella necesitaba ayuda, necesitaba que alguien le diera una mano para sacarla de ese oscuro agujero negro que se había convertido su vida, alguien que la hiciera comprender que estaba inmersa en un laberinto de mentiras, lamentablemente no lo encontró.  

Hoy la veo sentada en una esquina de la plaza, mintiéndose a sí mismo para evadir su realidad, evadir que la locura llegó de manera definitiva a su vida.  

Gabriela Motta.

Montevideo

Febrero-2018




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.