Me hago mayor

«Lo único que no se detiene es el paso del tiempo», siempre decía mi abuela.

Yo la escuchaba, aunque no comprendía con exactitud, era una niña, y para mí el tiempo era infinito.

Cuando llegué a este mundo ella ya formaba parte de el, me hizo sentir acogida y me acostumbré a tenerla, paso a ser parte de mí como los sonidos, los aromas, el viento. Nunca se me había ocurrido, que ella, podría algún día no estar. Fui creciendo y reafirmando la idea de que mi mundo era perfecto, y que, todo estaba en su lugar.

Hasta que un día, me desperté y eso había cambiado, por alguna razón, que aún no podía comprender, la abuela se había ido. Me explicaron que ella había muerto, que su tiempo se había terminado porque ya estaba muy “viejita”(palabra cariñosa que utilizaban en la familia para nombrarla).

Esa fue la primera vez que recuerdo haberme sentido mayor, por un instante alguien logró sacarme la idea de que la vida era infinita, la sensación fue como si me hubiesen dado una bofetada, obligándome a comprender el significado de aquella frase que la abuela siempre repetía.

Hoy, ya no soy esa niña, y comienzo a sentir que el tiempo no es infinito, e inconscientemente la idea de ir haciéndome mayor empieza a revolotear por mis pensamientos. No porque se me vaya agotando el tiempo, sino porque aún permanecen en mi memoria, sus palabras y su expresión reflexiva al pronunciarlas. Recién ahora, cuando mi madurez, me permite admitir que el tiempo no es infinito, es cuando sus palabras cobran aún más sentido, logrando imitar por momentos su misma expresión, esa expresión que solo te da la experiencia.

Gabriela Motta.

Montevideo

01/08/18

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.