El Aburrimiento

Cuando llueve por lo general me pongo muy pero muy aburrido, ya que no puedo salir a jugar y debo quedarme dentro de casa. Mi madre no me deja jugar todo el día a la «compu» y menos a la play por lo que tengo que buscar alternativas, estas se ven seriamente reducidas los días de lluvia. 

 Pues bien, hoy es uno de esos días, miro hacia la ventana y no puedo ver nada más que agua pura y limpia que cae del cielo. Pero que hacer dentro de estas paredes que a medida que pasa las horas se tornan más y más aburridas, intento inútilmente con argumentos algo vagos convencer a mi madre que me deje ir a jugar a la «compu» ya que dentro de casa no tengo muchas alternativas de juego, ella entretenida en su lectura me dice que «NO» y me sugiere que ponga a funcionar mi imaginación. 

 Frustrado ante mi intento fallido, tomo un libro para tratar de matar el tiempo, no funciona, la verdad no me atrae para nada la historia en ese momento y no es porque no me guste leer, lo hago con frecuencia y me parece entretenido pero este pasatiempo para los días de lluvia no me funciona. 

 Vuelvo a sentarme frente a mi ventana y continúo observando las gotas caer, y por un momento dejo que mi mente me lleve a un lugar cualquiera y me pongo a pensar en la cantidad de gotas que caen sobre mi ventana y lo mucho que tardaran en secarse, si es que sale el sol. Vuelvo a mi realidad y dejo las gotas a un lado ¿qué hacer? pero me doy cuenta que seguir cuestionándomelo es aburrirme aún más, pero la pregunta vuelve a mí una y otra vez: ¿qué hago? 

 Encerrado en mi mundo y sin prestar demasiada atención a nada, veo a mi madre que se apiada de mí y se aproxima con una caja llena de hojas, colores, pegamentos, papeles de color, tapitas, etc., etc., etc., no entiendo mucho cuál es su objetivo. Pero de inmediato ella me lo explica: «Cuando era niña en casa no existían computadoras y mucho menos juegos electrónicos por lo que la alternativa de conectarme a internet para matar mi tiempo no existía.  Te puedo asegurar que éramos felices y no pasábamos el tiempo aburridos. El secreto estaba en buscar alternativas, que para nosotros estaban entre leer un libro, hacer un dibujo, jugar con un juego de mesa, etc., etc., etc. cómo te gusta decir a vos.  Pues bien, yo te propongo a que seamos creativos, viste esta caja llena de cosas, bueno dejemos aflorar nuestra imaginación y hagamos de estos papeles algo más que eso, hagamos de esto una obra de arte, nuestra obra de arte.» 

 Yo mirándola fijamente y sin saber que pensar, asentí con la cabeza, pero por dentro creía que mi mamá había enloquecido, como pudo haber sido feliz sin internet, computadoras, videojuegos etc. etc. etc. no podía más que sentir lástima por ella. Así que por un acto de compasión y para que no se sintiera mal, me deje llevar por la idea de hacer que ese montón de papeles se convirtiera, en cómo había dicho:  «nuestra obra de arte» que para decirles la verdad no tenía mucha idea de cómo sería eso. 

Pues bien pregunté: ¿Y ahora cómo seguimos? y ella contestó: «si te digo cómo seguir y que hacer dejaría de ser divertido, la idea es que seas libre, decidí vos que vamos hacer y yo te ayudo, pues el aburrido aquí eres tú. 

 ¡Huy! pense para mis adentro y todavía tengo que saber qué hacer con este montón de cosas inútiles. Pero yo había comenzado con este embrollo y por mi aburrimiento mi mamá estaba ahí con todas esas cosas, por lo que no me anime a decirle que no me importaba el tema. 

 Tome entre mis manos un pedazo de papel color azul y unos granitos de arroz y adivinen que me deje llevar por eso que mi madre insiste en llamar imaginación y resultó. Estuve horas pegando sobre la hoja azul los granitos de arroz y una vez que lo tenía listo se me ocurrió que podía agregarle un marco a esa hoja y dibujar un niño detrás del marco, para mi sorpresa habíamos hecho un collage de mi estado anterior, así que lo llamé «el aburrimiento». La hoja azul se había convertido en el cielo, los granitos de arroz en gotas de agua y el papel que enmarque en los bordes de la hoja en mi ventana, demás esta aclarar que el niño era yo. 

 Había estado tan entretenido con mi pasatiempo que no note que ya no llovía y que había sobrevivido tres horas sin jugar a la «compu» dentro de mi casa encerrado con una caja de cosas viejas y sin sentido. Pude comprender a mi mamá por un segundo y darme cuenta que algo de razón había tenido con su afirmación de que era feliz sin Internet. Tomamos nuestra «obra de arte» que ahora se llamaba «el aburrimiento» y la colgamos al lado de la ventana, para que me recuerde cada vez que este aburrido que sólo debo dejar volar mi imaginación. 

Moraleja: La tecnología nos brinda beneficios diarios si es bien utilizada, pero no dejemos que nuestras vidas sean gobernadas por ella, aprendamos a ser libres y dejar volar nuestra imaginación sin tener la necesidad de conectarnos a un aparato electrónico para ser felices. Afuera hay un mundo para ser explorado!

Autora: Gabriela Motta.
Cuento Escrito: 2014.

Otro Cuento Corto: Los chistes de Flopi.

 

 

 

 

 

 




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.