Niño Condenado

Telenoticias del día 26-07-18 informa:

Muere en manos de la policía local, el conocido contrabandista apodado “el viento”. Tras años siguiendo su pista, los policías dieron hoy con su escondite, matándolo a balazos ante un intento de huida. Entrevistado el jefe del operativo, declaró: “por fin los ciudadanos de bien pueden dormir tranquilos, este mal nacido, no causará más disturbios”.

… 20 años antes de este violento desenlace…

Su mamá había sido arrestada cuando el apenas tenía 6 meses de gestación.

–Menos mal que estás embarazada –le dijo una de las compañeras de celda–  el niño te salvó del pabellón común. Créeme es un verdadero infierno.

–Por fin me servirá para algo este engendro –le contestó– sólo espero no sea igual a su padre, sino seguro terminará como él.

–Qué le pasó a su padre?

–Murió de sobredosis.

–Otro más, es tan común en estos días… y tú ¿por qué estás aquí?

–Pues, tráfico de drogas. Me incautaron con mucha encima, trataba de pasar por la frontera hasta Brasil. No es la primera vez que lo hago, pero esta vez esos perros me tenían vigilada.

–Esta vida es así nomás… y en cuanto al niño, al menos lo deseas?

Ella sonríe a carcajadas

–De verdad hay quienes desean tener uno en estos días? NO, no lo deseo, traté de abortar y no salió bien, terminé internada con una gran infección. Pero este engendro es resistente y decidió permanecer ahí. Dicen los médicos que se aferró a la vida. Pobres, cuál vida…

El niño nació y permaneció a su lado hasta que cumplió sus tres años de edad (así lo disponía la ley) luego debió ser entregado a un familiar responsable.

Imagínense, si la vida dentro de la cárcel era dura, afuera era un infierno. El adulto responsable, era su tía Luzmila, una joven de 23 años, que, aunque no tenía entradas en la comisaría todos sabían que no era de fiar.

El niño termino a su cargo a pedido de su hermana, ya que no había otro familiar posible. Luzmila vio en él, una fuente de dinero fácil. Para cuando su madre saliera en libertad este muchachito ya sería todo un profesional del crimen y con suerte estarían forrados en guita, sabía que “el tijera” podía ayudarla en esa tarea.

El niño creció escuchando la única filosofía de vida que pregonaba Luzmila: “en esta vida los bueno son débiles, solo los malos sobreviven.” Por lo que el destino de este pequeño no era muy prometedor. Paso a ser víctima de reiterados maltratos, generando habilidades inimaginables en el arte del escondite, con el único fin de no despertar la ira de su tía, que se hacía más fuerte cuando tomaba alcohol y aspiraba un polvo blanco junto con su novio “el tijera”, él no comprendía que era, pero sabía que debía huir muy lejos si no quería terminar malherido. Cuando advertía que ya se habían dormido, retornaba sutilmente y se acostaba en su cama.

Los hombres no lloran –le gritaba– cuando por las noches buscaba un abrazo de consuelo, porque había tenido un mal sueño. Yo te voy a criar como nos criaron a mí y a la perra de tu madre, a palo y agua. Palo para que te conviertas en hombre y agua para aliviar el dolor de los golpes, pero fría para que no te acostumbres a lo bueno –siempre le decía orgullosa–.

Cuando alcanzo la adultez se veía envuelto por los vicios más oscuros. Se había convertido en el delincuente más buscado en el país. Como nadie podía dar con su paradero, se ganó el apodo de “el viento” ya que: podemos ser testigos de sus destrozos, pero no lo podemos atrapar. Su tía, ostentaba con orgullo la reputación de su sobrino, había hecho un buen trabajo.

Él, era su única familia. Su hermana terminó asesinada en la cárcel. Culpa que aquel pequeño tuvo que cargar consigo desde muy joven, porque una vez que él se fue de su lado, a su madre la trasladaron al pabellón común.

Aún recuerda ese día, cuando vio por la tele el cadáver de su madre envuelto en sábanas, en ese pedazo de trapo sucio estaba envuelta toda su vida, su única posibilidad de ser feliz.

Sus esperanzas de bienestar murieron junto con su madre en aquel momento, y desde entonces, vivió la vida siguiendo una sola máxima: “los buenos son débiles, solo los malos sobreviven” y así fue creciendo, perfeccionándose en el contrabando, los robos y los asesinatos. Mientras que sus actos los conducían por caminos cada vez más oscuros, caminos que por momentos se volvían intransitables, debido a las tinieblas que no le permitían avanzar. Y fueron esos actos, y esos caminos que lo condujeron hasta ese maldito día, donde terminó acorralado y muerto. Pero también por primera vez en su puta vida, cuando aquellas balas atravesaron su cuerpo, supo que había pagado su condena.

Gabriela Motta.

26/07/18

Montevideo.

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.