Adictos

Ellos se habían vuelto inmunes al dolor ajeno, veían la vida a través de una pantalla. Vistos desde afuera parecían zombis, pero digitales, estaban muertos en vida. Sin embargo, no percibían que aquel aparato los había idiotizado. Creían, realmente creían, que a través de él se podía llegar a cambiar el mundo, sin darse cuenta que el mundo ya había cambiado.

Podían ver, pero elegían hacerlo a través de la pantalla, ignorando que ella los convertía poco a poco en adictos a falsos amigos, fotos trucadas e historias inventadas. En esa nueva realidad todo se medía por la cantidad de me gustas, que a su vez eran manipulados por quienes deseaban enajenarlos para lograr manejarlos a su antojo.

Pedían oír, pero elegían permanecer sordos.

Podían hablar, pero elegían permanecer mudos. Sus diálogos se daban a través de aplicaciones.

Podían sentir, pero elegían expresarse a través de emoticones.

No cuestionaban, no investigaban la procedencia real de lo que consumían, si el aparato lo promocionaba y tenía muchos “me gusta” seguro que era bueno. Y así transcurrían sus días dirigidos por un sistema cruel y perverso, que había sustituido el contacto personal por humanos adormecidos en redes sociales y videojuegos. En ese mundo virtual y paradójicamente real lo que todos aplaudían se convertía en verdad.

Cierto día un loco propagó la noticia del peligro que corrían al permitir que sus vidas fueran dirigidas por falsos hombres verdaderos, ocultos detrás de esos me gustas. Quienes manipulaban la información de manera unilateral, con el fin de convertirlos en manadas, en desecho. No obstante, nadie pudo levantar la vista para, por lo menos, tener otra versión de su realidad que cada día se volvía más parcializada porque ya no tenían la opción de elegir.

Gabriela Motta.

05/02/19.

Montevideo.

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.