Prisionera sin delitos

Si quieres tener un punto de referencia en cuanto a tu humanidad —le dijo— mídela en relación a lo que sientes por los animales y cómo los tratas.
—¿Cómo? —preguntó.
—Si como lo oyes, así de sencillo.
Si no puedes empatizar con los animales, que son los seres más puros y leales, si no puedes empatizar con su amor incondicional y desinteresado, deberías replantearte tus valores. 
Después de esas palabras, tomó su carrito con el que recogía cartones y siguió su camino, detrás de él iban tres perros y en el carro llevaba un gato que había rescatado de una volqueta.
Mariluz permaneció en silencio sin entender porque aquel loco le decía todo eso, en otro momento se hubiera echado a reír, pero por alguna razón esas palabras no le causaron gracia alguna. Ese anciano le había hecho pensar en la Zorrilla, día y noche atada a esa cadena, sin embargo siempre dispuesta a brindarles amor a pesar del maltrato y la indiferencia que le brindaban en su casa. Hacía dos días que no le daba de comer y ni siquiera recordaba la última vez que le había cambiado el agua, peor aún, ni siquiera sabía si tenía. 
Por un momento sintió compasión por aquel animal y decidió tomarse la hora del almuerzo para regresar a casa y brindarle algún cuidado. No obstante como siempre lo hacía pospuso su almuerzo con la excusa de tener mucho trabajo, en realidad le daba pereza volver a casa con ese sol de enero solo para ver a la perra. Ya no sentía remordimientos por las palabras de aquel anciano y se quedó en la panadería. «En la noche cuando regrese le daré de comer» —pensó.
Al finalizar su jornada que también se extendía más de lo debido, se marchó. Llegó a su casa y fue hasta el fondo con comida y agua para la Zorrilla, pero la encontró enredada entre su cadena y el tejido, Zorrilla —le dijo. El animal estaba inmóvil.
—Zorrilla…
La observó y la volvió a nombrar en vano. 
Tomó la comida y la tiró en la basura, entró a su casa y ordenó a su hijo mayor que limpiara el fondo. 
Recién en ese momento cobraron significado las palabras de aquel anciano.

Gabriela Motta 
05/01/19
Bella Unión 

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Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.