Parte 2
La extraña soltó una carcajada.
—¿Qué te hace pensar que somos de otro planeta?
—¡Es una broma! —exclamó Sofía nerviosa. Ya he llegado demasiado lejos para que ahora me digas que no son alienígenas.
María observaba la situación, investigaba con la mirada cada rincón de la cocina tratando de encontrar el momento oportuno para salir corriendo por la puerta de atrás. 
—Yo no dije que fuera una broma —le dijo la extraña. Pero tampoco recuerdo haber mencionado que fuéramos alienígenas.
—Pero qué sentido tiene todo esto si no me van a llevar lejos de aquí.
—Tampoco dije que no lo haríamos.
—Me confundes —le dijo Sofía a los gritos, pasándose las manos ensangrentadas por la cara, añadiéndole un toqué dramático a la ya espeluznante escena.
María aprovechó la discusión y se fue acercando discretamente hacia la puerta del fondo, pero para su desesperación también estaba cerrada con llave.
—Tranquila —le dijo la extraña— la noche es larga y de aquí no tienes hacia donde huir.
—Ella comienza a llorar agarrando a patadas la puerta y gritando por auxilio.
—¿Me puedes decir quiénes son y qué quieren de mí? —Le preguntó Sofía aparentemente perturbada, a la extraña, tomando del suelo el cuchillo.
—Primero termina tu parte del trato y después responderemos todas tus dudas. Ahí la tienes indefensa prendida a la puerta, te aseguro que te será más sencillo que con el gato.
María gritó aterrorizada y corrió hacia la sala buscando un lugar por donde huir, pero era inútil estaban todas las salidas muy bien cerradas. Las dos mujeres seguían discutiendo en la cocina, sabían que ella no tenía hacía donde escapar.
Sola en la sala se acordó que en su bolsillo traía su celular y sin dudarlo volvió a llamar a su hermana, quién contestó inmediatamente:
—Hola María ¿estás bien? —le preguntó.
—Tenías razón está loca, me tiene atrapada y por lo que entendí me quiere matar. SI LO SÉ, NO VENGO, ¡ayúdame!
—Resiste como puedas llamaré a la policía y salgo para ahí.
—Ayúdame por favor, no sé si tengo tiempo —le imploró María llorando.
Se recostó en el sofá y se quedó acurrucada, escuchando los gritos que venían desde la cocina, luego de un rato un silencio perturbador la hizo entrar nuevamente en pánico porque al levantar la mirada vio venir a Sofía envuelta en ira y con el cuchillo en mano.
—¡No me mates por favor! —le grito desesperada y ya sin esperanzas.
Cuando para sorpresa de ambas un destello de luz acompañado de una explosión hizo volar la puerta principal, María se desmayó.
Sofía quedó paralizada.
—Sabía que sí eran alienígenas —le dijo a los hombres que irrumpieron violentamente en la sala. Señora usted tiene que venir con nosotros —le dijo uno de ellos.
Sofía los acompañó sin resistirse ya que aquel vehículo luminoso solo podría ser la nave espacial que estaba esperando.

Gabriela Motta.
Montevideo.
30/05/19.

Lectura sugerida: Noche en penumbras




Disfruto escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.