UN DÍA EN EL FUTURO 

Llegó cansada, tiró las llaves sobre la mesa y encendió la computadora. Abrió su perfil social y posteó su mejor foto. Sentado en un sofá muy a la izquierda de la habitación, inmóvil, estaba su hijo, no lo vio o no quiso verlo. Mientras navegaba, sintió como aquella mirada penetrante se le clavaba por la espalda, pero no podía despegarse de esa pantalla, aunque así lo quisiera. Con esa idea en su cabeza, le pareció escuchar la voz de aquel intrépido adolescente que le decía:  

«__Deseo ansioso que me digas lo mucho que me amas. No puedes imaginar, cuántos cumpleaños me quedé esperando esos saludos inagotables, que pasteabas año tras año junto a mis fotografías ¿No soy merecedor de ellos en persona?  Eres incapaz de sospechar lo lacerante que puede ser ese discurso de “estoy orgulloso de ti” leído solamente en una pantalla. ¿No te importo en la vida real?»   

Ella permanecía en silencio, atenta a las redes y escuchando aquella vos, que no era otra, que la de su conciencia. Creyéndose sin opciones, decidió seguir con esa actitud pasiva, posteó una foto de ambos que ya tenía diez años de tomada y se sintió en paz, uno a cero para vos conciencia __ pensó __ y un bosquejo de sonrisa quiso desprenderse de esos labios que casi no sabían de emociones. Pero ella __su conciencia__ no estaba dispuesta a callar ¡NO esta noche! No cesaría tan fácil, y prosiguió: 

«__Nunca hubo un te amo, un abrazo, una charla sincera o una mirada cómplice, en su lugar siempre, siempre, hubo silencio. Nuestra vida se resume a ese perfil social, creado para trasmitir la idea de una felicidad inexistente.»  

__¡Para ya! __ gritó desquiciada __ apagó la computadora y se sentó junto a su hijo __quién la miraba sin entender lo que sucedía__ en aquel viejo sofá ubicado a la izquierda de aquella habitación tan carente de cariño real. Pero al tenerlo ahí tan cerca, no supo que decir… se contemplaron y no había más que miradas vacías de contenido, verdaderamente el silencio era su mejor aliado, su único lenguaje.  

Para el joven era insostenible aquella situación, así que desvió su mirada y la clavó en el ángulo superior de la pared, fue entonces cuando escuchó por primera vez, aquella voz tan insistente y trastornada que le exclamaba a gritos: 

«__¡Por favor! dile que encienda la computadora y se ponga a escribir cuanto nos amamos, porque de este modo nos evita el sufrimiento de contemplar esa mirada apática. ¡Por favor! Dile que olvidé esa absurda idea de conectarse con nosotros y se reconecte a sí misma para seguir posteándole al mundo lo felices que somos.» 

Ella suspira aliviada, sabía que su hijo si la comprendía. Se levantó y encendió nuevamente el monitor, inmiscuyéndose en su autoengaño.   

Gabriela Motta 

Montevideo, 01/12/17. 

Fotomontaje: Gabriela Motta. 

Otro Cuento: EL Ego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




Disfruto de escribir porque me permite expandir mi imaginación haciéndome sentir libre.